Click here to Google translate this article into your own language La colonia penitenciaria de Rikers Island está clavada en un trozo de tierra que emerge del East River. La única vía de acceso al enorme correccional es un puente desde el barrio neoyorquino de Queens. Lleva tres minutos recorrerlo con el autobús de la línea Q100. Es el tiempo que necesita Hannah para retocarse antes de dejar todas sus pertenencias en la taquilla y pasar a ver a su novio. Ahí estuvo ella encerrada antes por drogas. Al llegar al centro de visitas, un par de guardias suben e invitan a los pasajeros a dejar cualquier droga o arma antes de bajar. Al abrirse las puertas se siente un fuerte olor a queroseno. Todos se ponen en fila para que les olfatee un perro en medio del estruendo de los motores de los aviones que cruzan la bahía de Bowery en vuelo rasante hacia el aeropuerto de LaGuardia. El conductor del Q100 es la primera persona que encuentran los presos de Rikers cuando son puestos e...
Striving for a World without Capital Punishment